jueves, 24 de septiembre de 2015
Velocidad y visión: energética de la óptica en Paul Virilio
La máquina de visión (Ed. Cátedra, 1998) es un interesante libro más bien breve en el que Paul Virilio desarrolla una filosofía basada en buena medida en nociones ópticas. Aquí voy a hacer referencia a la exposición que lleva a cabo Virilio en el último capítulo (págs.77-98), que lleva el mismo título que el libro; lo que me interesa presentar es la concepción del autor, en consonancia con una óptica relativista implícita en la física contemporánea, en lo concerniente a una energética de la óptica.
Si bajo el título de La máquina de visión Virilio ha desarrollado en el libro sus concepciones sobre lo que la videoinfografía ha afectado y afecta al presente y porvenir perceptivo de los humanos, así como temas afines de interés, comienza el último capítulo poniendo el acento en el relativismo concerniente a lo factual en el que ha desembocado el pensamiento actual:
«Progresivamente rechazadas en el dominio del idealismo o del
subjetivismo, es decir, lo irracional, las imágenes mentales han
escapado, como hemos visto, durante mucho tiempo a la consideración
científica, y eso, en el preciso momento en que el vuelo de la
fotografía y de la cinematografía llevaba a una proliferación sin
precedentes de nuevas imágenes que entran en concurrencia con
nuestra imaginería habitual. Es preciso esperar a la década de los 60
y a los trabajos sobre la opto-electrónica y la infografía, para que se
produzca un interés, y de manera distinta, por la psicología de la
percepción visual, especialmente en Estados Unidos.
En Francia, los trabajos sobre neurofisiología han llegado al
punto de modificar el estatuto de la imaginería mental, y por ello
J.-P. Changeux habla, en una obra reciente, no ya de imágenes, sino
de objetos mentales, precisando incluso que ya no tardaremos en verlos
aparecer en la pantalla. En dos siglos, el debate filosófico y científico
también se ha desplazado de la cuestión de la objetividad de las
imágenes mentales, a la cuestión de su actualidad. El problema ya no
es, pues, el de las imágenes mentales de la conciencia, sino más bien
el de las imágenes virtuales instrumentales de la ciencia y su carácter
paradógicamente factual.» (MV, p.78)
Y concluye (op.cit., p.79):
«A mi entender, ése es uno de los aspectos más importantes del
desarrollo de las nuevas técnicas de la imaginería numérica y de esa
visión sintética que permite la óptica electrónica: la fusión/
confusión relativista de lo factual (o si se prefiere de lo operacional)
y de lo virtual; la preeminencia del «efecto de real» sobre el principio
de realidad ya ampliamente contestado por otra parte, en especial en física.»
Tras introducirnos en este relativismo Virilio expondrá en las siguientes páginas su energética óptica, en referencia a la física a la que ya se ha referido al destacar el relativismo en lo precedente, comenzando por la noción esencial de energía cinemática:
«Si los físicos distinguen habitualmente dos aspectos de la energética:
la energía potencial, en potencia, y la energía cinética, la que
provoca el movimiento, puede que convenga, hoy, añadir una tercera:
la energía cinemática, la que resulta del efecto del movimiento y
de su mayor o menor rapidez, sobre las percepciones oculares, óptica
y opto-electrónicas.» (Op.cit., p.80)
La noción también es propuesta más adelante (Op.cit., p.94-95):
«¿Velocidad de la luz o luz de la velocidad? — la cuestión permanece
inalterable, a pesar de la posibilidad ya evocada de una tercera
forma de energía: la energía cinemática, energía-en-imágenes, fusión
de la óptica ondulatoria y de la cinemática relativista, que ocuparía
un lugar al lado de las dos formas oficialmente reconocidas, la energía
potencial (en potencia) y la energía cinética (en acto), por lo que
la energía «en imágenes» ilumina el sentido de un término científico
controvertido, el de la energía observada.»
Respecto a una caracterización relativista de lo visual el autor realiza la siguiente descripción en lo concerniente a la mirada y a la concepción de lo espacial (Op.cit., p.80):
«Recordemos por otra parte que nunca hay «vista fija» y que la
fisiología de la mirada depende de los movimientos de los ojos, a la
vez movimientos incesantes e inconscientes (motilidad) y movimientos
constantes y conscientes (movilidad). Recordemos también
que la ojeada más instintiva, menos controlada, es ante todo
una especie de giro del propietario, un barrido completo del campo
de visión que se consuma por la elección del objeto de la mirada.
Tal y como había comprendido Rudolf Arnheim, la visión viene
de lejos, es una especie de travelling, una actividad perceptual que
se inicia en el pasado para iluminar el presente, para poner a punto al
objeto de nuestra percepción inmediata.
El espacio de la mirada no es, pues, un espacio newtoniano, un
espacio absoluto, sino un espacio minskovskiano, un espacio relativo.
Sólo hay, pues, la oscura claridad de las estrellas que viene del
lejano pasado de la noche de los tiempos, la débil claridad, y es ella
la que nos permite aprehender lo real, ver, comprender nuestro entorno
actual, ya que ella misma proviene de una lejana memoria visual
sin la cual no hay acto de mirada.»
*
«La frecuencia tiempo de la luz se ha convertido en un factor determinante
de la percepción de los fenómenos, en detrimento de la frecuencia espacio
de la materia.» (Op.cit., p.92)
Es en este momento que Paul Virilio introduce la noción de velocidad en su teoría de la visibilidad, para a continuación enmarcarla conforme a un concepto contemporáneo-relativista de duración que, como veremos, determinará un nuevo enfoque de la dicotomía actual-virtual:
«Para captar bien esta transmutación del campo de acción, es
preciso volver una vez más sobre el principio de iluminación relativista.
Si las categorías del espacio y el tiempo se han vuelto relativas
(críticas), es porque el carácter absoluto se ha desplazado de la materia
a la luz, y sobre todo a su velocidad límite. Así, lo que sirve
para ver, para oír, para medir y, por tanto, para concebir la realidad,
es menos la luz que su celeridad. De ahí que la velocidad sirva
menos para desplazarse que para ver, para concebir con mayor o
menor claridad.» (Ibid.)
Sobre lo real y lo figurado, y sobre lo virtual y lo actual, comienza exponiendo Virilio:
«El desplazamiento del centro de interés de la cosa a su imagen y,
sobre todo, del espacio al tiempo y al instante, ¿lleva a
sustituir la alternativa categórica real o figurada, por la más relativista:
actual o virtual?
A menos... a menos que asistamos a la emergencia de un mixto,
fusión/confusión de los dos términos, acontecimiento paradójico
de una realidad unisexuada, más allá del bien y del mal, que esta vez
se aplica a las categorías que se han hecho críticas del espacio y del
tiempo, de sus dimensiones relativas, tal y como lo sugieren ya numerosos
descubrimientos en los dominios de la no separabilidad
cuántica y de la supraconductividad.» (Op.cit., p.91)
Es «en el instante infinitesimal donde virtual y actual se confunden
para el detector u observador humano» (Op.cit., p.92). La duración se describe
en el marco de un tiempo microscópico, de una eternidad intensiva:
«Al tiempo «extensivo», que intentaba profundizar el carácter de
lo infinitamente grande del tiempo, sucede hoy un tiempo «intensivo»
que profundiza lo infinitamente pequeño de la duración, un
tiempo microscópico, última figura de una eternidad recuperada
más allá de lo imaginario de la eternidad extensiva de los siglos
pasados.
Eternidad intensiva, donde la instantaneidad que posibilitan las
últimas tecnologías contendrá el equivalente de lo que contiene lo
infinitamente pequeño del espacio de la materia.» (Op.cit., p.93)
Átomo temporal: percepción desplegada en velocidad. Sobre ello dirá Virilio lo siguiente:
«Centro del tiempo, átomo temporal situado en cada instante presente,
punto de percepción infinitesimal donde la extensión y duración se
conciben de modo diferente, esta diferencia relativista reconstituye
una nueva generación de lo real, una realidad degenerada donde la
velocidad se impone sobre el tiempo, sobre el espacio, como la luz se
impone ya sobre la materia o la energía sobre lo inanimado.
En efecto, si todo lo que aparece a la luz aparece a su velocidad,
constante universal, si la velocidad ya no sirve, como se creía hasta
entonces, en el desplazamiento, el transporte, si la velocidad sirve
ante todo para ver, para concebir la realidad de los hechos, es absolutamente
preciso «sacar a la luz» la duración y la extensión; todas las
duraciones, de las mas ínfimas a las más desmesuradas, contribuyen
entonces a revelar la intimidad de la imagen y de su objeto, del espacio
y de las representaciones del tiempo, como propone actualmente la física al
triplicar la noción hasta entonces binaria del intervalo:
intervalo del tipo «espacio» (signo negativo), intervalo del tipo
«tiempo» (signo positivo), son los conocidos; lo que es nuevo es el
intervalo del tipo «luz» (signo neutro). La pantalla de televisión directa
o el monitor infográfico ilustran perfectamente ese tercer tipo de
intervalo.» (Ibid.)
La velocidad sirve para ver.
*
Virilio pasa a expresar la necesidad de una revisión del concepto de virtualidad, en referencia a un principio de realidad que ha sufrido evidentes transformaciones insoslayables en la época actual:
«En efecto, ante esta última automación [«la aparición de numerosas
prótesis de la percepción asistida por ordenador»], las categorías habituales
de la realidad energética no bastan: si el tiempo real se impone
sobre el espacio real, si la imagen se impone sobre el objeto, es decir,
el estar presente, si lo virtual se impone sobre lo actual, es preciso
tratar de analizar las recaídas de esta lógica del tiempo «intensivo»
sobre las distintas representaciones físicas. Allí donde la era del
tiempo «extensivo» justificaba aún una lógica dialéctica distinguiendo
claramente lo potencial de lo actual, la era del tiempo intensivo exige una
mejor resolución del principio de realidad donde la noción de virtualidad
sería revisada y corregida en sí misma.» (Op.cit., p.95)
Si el principio de realidad ha sido redefinido en nuestra época en buena medida se debe a la aportación de la física relativista asociada a una óptica ondulatoria. Dice Virilio:
«Hace ya algún tiempo, la revista Raison présente preguntaba: «¿La
física contemporánea anula lo real?» ¿Anularlo? ¡Seguro que no!
Resolverlo, sin duda, pero en el sentido en que se habla hoy de una
mejor «resolución de imagen». En efecto, después de Einstein,
Niels Bohr y algunos otros, ¡la resolución temporal y espacial de lo
real está en curso de realización acelerada!
Recordemos aquí que no habría habido relatividad sin la óptica
relativista (la óptica ondulatoria) del observador, lo que por otra
parte llevará a Einstein a considerar la posibilidad de titular su teoría:
teoría del punto de vista; ese «punto de vista» que se confunde necesariamente
con la fusión relativista de la óptica y de la cinemática,
otra denominación de esa «energía del tercer tipo» que propongo
añadir a las otras dos.» (Op.cit., p.96)
Ahondando en esta necesidad de reconceptualización, con el objeto de adquirir herramientas para el tratamiento de lo real, daremos término a esta presentación de la exposición realizada por Paul Virilio con un fragmento especialmente explicativo y concluyente (Ibid.):
«Así, si la velocidad-límite de la luz es el absoluto que sucede
a los del tiempo y el espacio newtonianos relativizados, el trayecto se
adelanta al objeto. ¿Cómo, a partir de esto, situar lo «real» o lo «figurado»
sino por medio de un «espaciamiento» que se confunde con una
«clarificación»? Por lo que la separación espacio-temporal no es,
para el observador atento, más que una figura particular de la luz, o
con mayor precisión: de la luz de la velocidad.
En efecto, si la velocidad ya no es un fenómeno, sino más bien
la relación entre fenómenos (la propia relatividad), la cuestión evocada
de la distancia de observación de los fenómenos se resume en la
cuestión de la potencia de percepción (mental o instrumental). De
ahí la urgencia en estimar las señales luminosas de la realidad perceptiva
como intensidad, es decir, como «velocidad», más que
como «luz y sombras», como «reflejo» y otras denominaciones ya caducas.»
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domingo, 6 de septiembre de 2015
Prospecciones ópticas, 5. Visión del exilio
Nervaduras en choque transformadas en danza, evanescentes gestos virtuales, lógica de las sombras. Difuminación. Ángeles apersonales vuelan como diminutos cohetes. Tú orbitas.
Nervios de la realidad dislocados, negados a tajos. Cortocircuito: salto a la conciencia de la cuerda floja. Germina la cuerda, despega: grandes distorsiones, acrobacias. Al otro lado del espejo te persigues: inmóvil. Te haces muecas: te transgredes. La realidad ha sido abolida en una proliferación metamórfica. Focalizas el cambio. Persistes en el cambio: sobrio, pues niegas seriamente toda realidad. Con una carcajada imposible me niegas, te niegas. Volamos más allá del negro hacia los destellos infinitos. La cámara yace, inútil: nos conocen en otro planeta, lejos, allá donde todo ha quedado atrás. Tú me gritas sin voz que he perdido la piel y que ves a través de mi cuerpo. Entonces chocamos contra un ojo que nos ve desnudos. Queremos venderle el alma, pero el alma ha desaparecido. También el ojo. Volvemos sobre nuestros pasos a las sombras difusas, a la claridad del día: nos hacemos muecas, en calma.
Nervios de la realidad dislocados, negados a tajos. Cortocircuito: salto a la conciencia de la cuerda floja. Germina la cuerda, despega: grandes distorsiones, acrobacias. Al otro lado del espejo te persigues: inmóvil. Te haces muecas: te transgredes. La realidad ha sido abolida en una proliferación metamórfica. Focalizas el cambio. Persistes en el cambio: sobrio, pues niegas seriamente toda realidad. Con una carcajada imposible me niegas, te niegas. Volamos más allá del negro hacia los destellos infinitos. La cámara yace, inútil: nos conocen en otro planeta, lejos, allá donde todo ha quedado atrás. Tú me gritas sin voz que he perdido la piel y que ves a través de mi cuerpo. Entonces chocamos contra un ojo que nos ve desnudos. Queremos venderle el alma, pero el alma ha desaparecido. También el ojo. Volvemos sobre nuestros pasos a las sombras difusas, a la claridad del día: nos hacemos muecas, en calma.
martes, 11 de agosto de 2015
Sobre mi fotografía
En estos momentos concibo y utilizo la fotografía como una extensión de mi ojo durante mis paseos. Considero que muchos de los habitantes de los espacios urbanos de hoy tenemos sensiblemente desarrollada la facultad óptica. En todo caso, la vista es un sentido perceptual destacado em mis paseos. Normalmente no tengo demasiado interés en lo que en primera instancia puedo ver. Esto es: considero que la mayor parte de las cosas que me ofrece mi entorno urbano, mi hábitat, están más que vistas. Ante ellas se daría algo así como el fenómeno óptico de la "vista cansada". No obstante, en esos paseos, se dan momentos en que la realidad presente se destaca ligeramente al respecto, por el motivo que sea. Ese momento fugaz es el que trato de registrar entonces con la cámara, a decir verdad casi como un mero trámite, aunque es un trámite que en ocasiones me causa satisfacción, y siempre que lo realizo me provoca algo así como una ligera descarga emotiva por haber actuado. ¿Actuación? Sí, hacer la foto. Actuado en el sentido de haber plasmado, registrado algo, aunque tenga un carácter más que posiblemente (muy) efímero. La acción de fotografiar me crea pues, entonces, cierto placer. Visual y mental, de modo interpenetrado, puesto que a veces el motivo de registrar la foto no es físico, objetual, sino que está integrado en una idea, idea que se realiza, se actualiza, en la foto en cuestión. He ahí lo que me gusta: la fotografía ha posibilitado entonces el germinar de algo de naturaleza mental. Y de la repetición de lo hostil, de lo mediocre, del trayecto repetido ante la inexistencia de lo nuevo, en esa materia insípida que es lo que se nos presenta a nuestro ojo vacío, ese espacio cualquiera; de esa materia aparentemente estéril brota la Diferencia: la Diferencia encarnada en idea. Podemos decir a la vez que el pensamiento ha visto y que la vista ha pensado, en un cruce de correspondencias hacia una síntesis superior, el resultado: la acción: el acto fotográfico que es respuesta a un mundo hostil, a un espacio raptado por los poderes, por el urbanismo institucionalizado. La belleza sólo surge como habitan los animales en el cautiverio de los zoos. ¿Vale la pena entonces esa belleza? ¿Debe ser admirada? Cada cual sabrá, decidirá, optará. Pero si queda afeada por su condición de cautiva quizás la respuesta debería ser negativa. Me da la sensación de que estoy optando por ello, en la medida que la opción de mi percepción sea propia, mía. En la fotografía de mi pasear la idea que brota de la diferencia no surge pues como objetualización y focalización de la belleza. Surge en un distanciamiento realizado, en un desapego respecto a la realidad circundante, del que sólo por germinación de ese detalle, de la diferencia que hace elevarse al pensamiento-idea (momentáneo, efímero), nace la acción, lo expresado (del que la foto será un mero registro, una sombra que nos pueda dar indicios): el hálito vital que se desprende, se eleva desde el interior del putrefacto cadáver. Y así como he tratado de describir, de definir ésta mi fotografía, creo que podría describir en los mismos términos todo lo que hago. No estoy hablando de otra cosa que del eterno retorno de la diferencia nietzscheano, y a lo que creo que se refiere Nabokov cuando alecciona a sus alumnos: "acariciar los detalles, los divinos detalles".
Mi blog de fotografía en: nachofotograf.blogspot.com
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sábado, 18 de julio de 2015
Prospecciones ópticas, 4. La flor de agave o la óptima óptica
El crecimiento de la flor de agave anuncia la muerte de la planta; sin embargo, el brillo de tu mirada sideral anuncia el viaje -el exterminio del globo terráqueo: anarquía en órbita, silencio transgresor de los globos oculares, y tú arrastras tu cáscara vacía avanzando un paso infinito, más allá - quieto, quebrado: adelante. ¿No estás ya? Te encuentro allí, en el planeta imaginario de una fotografía imposible, la óptima; la que florecerá al viento, anunciando el polvo, lo ínfimo molecular, el adiós.
Flor de agave, en primer plano.
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martes, 5 de mayo de 2015
Prospecciones ópticas, 3. Fugacidad
Para estar seguro de ti mismo tienes que ser muy inseguro. ¿Qué ver? Los árboles descomponiéndose. La evanescencia, la disolución. Dicen los sabios que la naturaleza ama esconderse. Quizás sea que es imperceptible, imperceptible como unidad. No es individuo, es moléculas, fragmentos: la naturaleza, la vida es fragmentariedad, fracción, fractura. Es a partir de la grieta que nace la creación. La grieta es el manantial, el dispositivo. Tú debes hacerte uno con la grieta, con la fractura, con la fracción. Para estar seguro de ti mismo debes hacerte uno con el fragmento. La solidez está negada: la estatua que seas tú debe ser etérea. La vida es la sombra de lo ilusorio como tú eres la sombra de lo sólido: las sombras se esconden, la naturaleza se esconde: sólo puedes ver en las sombras; la estatua era una sombra. Las sombras danzan en la transmutación, en la disolución: mutantes. Tú eres un mutante, en la mutación, en lo mudo. A través de lo mudo germina fugazmente lo que muta, la estatua que es un teatro de mil sombras, o un cine del que surge la música o una palabra detenida en su grito, hecha añicos, en el rayo que estalla: ese rayo eres tú, es la sombra: la luz del rayo y la negrura de la grieta conforman una unidad que, al instante, se desintegra. Fugacidad, fuga: un fugitivo lee los signos de lo fugaz; sólo eso es seguro.
miércoles, 25 de marzo de 2015
Todo lo que necesitamos
¿Nos da la vida todo lo que necesitamos? Es cierto que una respuesta afirmativa a esta cuestión, dada por un artista que sepa disfrutar de los dones que nos da la vida y muy particularmente que pueda disfrutar de todos los mecanismos constructivistas y proyectivos (lo que se puede llamar, en términos coloquiales, el mundo de la imaginación), en los que están implicados como engranajes o motores principales (como palanca arquimédica) su corazón en sintonía de correspondencia con su cerebro, es más que posible, incluso es una autorevelación del misterio existencial: la solución definitiva y la nueva patria alcanzada, habitada; una patria en flujo, utópica, surreal: y devenida realidad en el mismo gesto eterno.
Quizás esta respuesta afirmativa es necesaria pues parece necesaria la elección de una vida afirmativa, una apuesta ética, la del eterno retorno (Nietzsche) del lanzamiento de los dados (Mallarmé) a cargo del nuevo niño (Heráclito).
Entonces, traspasando la problemática a la terminología budista, podemos decir que se ha alcanzado el estado de Buda (bodhisattva).
Pero también entonces, y volviendo a la pregunta que nos hace desarrollar este pensamiento, la historia del humano individuo vuelve a encontrar signos de repetirse y nos encontramos ante un problema que deberían afrontar las múltiples éticas y religiones -éstas en su aspecto constructivo de utensilios para la ética propia («coge de ellas lo que te sirva», es lo que pienso de las religiones: no servirlas sino que te sirvan a ti)- a lo largo de los siglos.
Un caso en el que se ve en la historia este debate es en el budismo. ¿Cuáles son los preliminares implícitos en la cuestión? O, mejor dicho, ¿cuál es la objeción que se le puede plantear a la respuesta u opción de ética afirmativa? El contexto en el que el ser humano se plantea esta situación es que en el mundo hay mucha miseria, y no sólo económica (que es muy visible e importante), sino también y ligada a ella hay una injusticia en el sistema social de gestión de la economía espiritual. Nuestras sociedades (y no sólo la nuestra sino las anteriores y seguramente las que vendrán, ¡ay!) navegan en la injusticia. A esta situación también se enfrentaba el seguidor del sendero (dharma) budista. Y en aquella situación histórica se confrontaron dos vías, opciones que tienen que ver con la cuestión de en qué grado la vida puede darnos todo aquello que necesitamos. Expondré la situación que se dio, sin llegar a una respuesta, sólo para dibujar los horizontes de la pregunta. Para ello me referiré a la clara exposición de Juan Arnau en su Antropología del budismo (Ed. Kairós. 2007).
Se diferenciaron dos vías: el vehículo mahayana trató de definirse frente al hinayana (llamado vehículo inferior, conformado por los sravaka). Dice Arnau: «Los apologistas del mahayana distinguían el nirvana de los bodhisattva del nirvana de los sravaka, presentando éste último como una caricatura para desprestigiarlos. Para ellos los sravaka aspiraban a un estado de paz imperfecto y egoísta, pues sólo pretendían liberarse ellos mismos, mientras que los bodhisattva buscaban la liberación de todos los seres» [Arnau, p.188]. Con frecuencia el bodhisattva (buda potencial de la vía mahayana) decía renunciar a su propio nirvana hasta que una serie innumerable de otros seres no alcanzasen el nirvana, no abandonasen la rueda samsárica de la atadura a la existencia -ciclos de apego al deseo ilusorio en el circuito adictivo de la sed (trshna) generadora del dolor (dukkha)-; dicho de otro modo, hasta que no alcanzaran el estado de verdad (rigpa) en la observación -visión penetrante (vipasyana) y concentración serena (samadhi)- fuera del velo de Maya (realidad ilusoria).
Pero abramos un paréntesis para introducir la importante noción de visión penetrante dentro de una fenomenología de la visión. [Arnau, p.163-164:] «Aunque incluso hoy se busca el estado de samadhi, la meta más elevada y normativa es la visión penetrante que en principio conduce a la liberación del sufrimiento y del ciclo del renacimiento y muerte. Esta visión penetrante no es simplemente un «mirar» o «ver» sino un análisis de la realidad o de la verdad, y no se pueden separar fácilmente las cuestiones intelectuales o doctrinales. (...) En primer lugar se dice que serenar la mente permitirá una visión penetrante y clara, y que los objetos utilizados como base de dicha serenidad también pueden usarse como objetos de investigación de la visión penetrante. En segundo lugar se considera que el objetivo de la visión penetrante es el discernimiento o la comprensión nítida (prajña) y que ésta nunca se alcanzaría sin el cultivo (bhavana) de la penetración, acompañado de la perfecta calma y concentración.»
Volvamos pues a lo que comentábamos. El budista (bodhisattva) deseaba la liberación de todos los seres. Eso me parece evidente que no es posible en el reino de la injusticia. Así pues, ¿tiene quizás más razón el sravaka, tildado de egoísta desde el mahayanismo? (El sravaka sólo se preocupaba de su propia liberación, como decíamos, dentro del vehículo inferior del hinayana). Podemos ver que viendo el mundo actual también nuestro pensamiento puede encontrarse en una disyuntiva semejante. Tomemos al artista que se autorrealiza, tomemos a la persona que se construye un mundo de satisfacción: ¿qué lugar tendrá -si tiene alguno- en esa construcción la injusticia de la sociedad (de la presente, de las pasadas), el subyugamiento, esclavismo -espíritual (ético) y/o material (económico)- de muchos de sus semejantes, quizás toda la humanidad en diferente grado, y también él mismo? He aquí la pregunta, yo no la voy a responder: mas con ánimo de dirigir la mirada hacia el horizonte terminaré este pensamiento citando a Juan Arnau in extenso (Arnau: p.188-189):
«Aquí se encuentra el punto de inflexión de la concepción budista del nirvana. Santideva lo expresa con vehemencia: «Nirvana significa renunciar a todas las cosas, mi mente sería agredida si obtuviera el nirvana. Si debo renunciar a todo, mejor sería dar el nirvana a los demás seres vivos» (Bodhicaryavatara, III, 11). El nirvana ya no es algo que se obtiene sino algo que se da.
>>Esta afirmación, no exenta de polémica, sugiere que el ideal del bodhisattva del mahayana valora más el despertar y el compromiso con la compasión que la liberación personal. En otra formulación muy anterior, Nagarjuna ya manifestaba que el nirvana y el samsara eran la misma cosa, y esta idea se encuentra en el trasfondo de muchos de los conceptos del mahayana. La equivalencia de nirvana y samsara encapsula toda una ontología y toda una soteriología. Como ontología implica que la liberación del sufrimiento que tiene lugar en el mundo (la libertad de apegarse al nirvana) se trasforma, bajo la mirada despierta del bodhisattva, en el desapego al nirvana. El escenario de semejante mirar es la liberación, de ahí que se considere un nirvana «más excelso»."
Quizás esta respuesta afirmativa es necesaria pues parece necesaria la elección de una vida afirmativa, una apuesta ética, la del eterno retorno (Nietzsche) del lanzamiento de los dados (Mallarmé) a cargo del nuevo niño (Heráclito).
Entonces, traspasando la problemática a la terminología budista, podemos decir que se ha alcanzado el estado de Buda (bodhisattva).
Pero también entonces, y volviendo a la pregunta que nos hace desarrollar este pensamiento, la historia del humano individuo vuelve a encontrar signos de repetirse y nos encontramos ante un problema que deberían afrontar las múltiples éticas y religiones -éstas en su aspecto constructivo de utensilios para la ética propia («coge de ellas lo que te sirva», es lo que pienso de las religiones: no servirlas sino que te sirvan a ti)- a lo largo de los siglos.
Un caso en el que se ve en la historia este debate es en el budismo. ¿Cuáles son los preliminares implícitos en la cuestión? O, mejor dicho, ¿cuál es la objeción que se le puede plantear a la respuesta u opción de ética afirmativa? El contexto en el que el ser humano se plantea esta situación es que en el mundo hay mucha miseria, y no sólo económica (que es muy visible e importante), sino también y ligada a ella hay una injusticia en el sistema social de gestión de la economía espiritual. Nuestras sociedades (y no sólo la nuestra sino las anteriores y seguramente las que vendrán, ¡ay!) navegan en la injusticia. A esta situación también se enfrentaba el seguidor del sendero (dharma) budista. Y en aquella situación histórica se confrontaron dos vías, opciones que tienen que ver con la cuestión de en qué grado la vida puede darnos todo aquello que necesitamos. Expondré la situación que se dio, sin llegar a una respuesta, sólo para dibujar los horizontes de la pregunta. Para ello me referiré a la clara exposición de Juan Arnau en su Antropología del budismo (Ed. Kairós. 2007).
Se diferenciaron dos vías: el vehículo mahayana trató de definirse frente al hinayana (llamado vehículo inferior, conformado por los sravaka). Dice Arnau: «Los apologistas del mahayana distinguían el nirvana de los bodhisattva del nirvana de los sravaka, presentando éste último como una caricatura para desprestigiarlos. Para ellos los sravaka aspiraban a un estado de paz imperfecto y egoísta, pues sólo pretendían liberarse ellos mismos, mientras que los bodhisattva buscaban la liberación de todos los seres» [Arnau, p.188]. Con frecuencia el bodhisattva (buda potencial de la vía mahayana) decía renunciar a su propio nirvana hasta que una serie innumerable de otros seres no alcanzasen el nirvana, no abandonasen la rueda samsárica de la atadura a la existencia -ciclos de apego al deseo ilusorio en el circuito adictivo de la sed (trshna) generadora del dolor (dukkha)-; dicho de otro modo, hasta que no alcanzaran el estado de verdad (rigpa) en la observación -visión penetrante (vipasyana) y concentración serena (samadhi)- fuera del velo de Maya (realidad ilusoria).
Pero abramos un paréntesis para introducir la importante noción de visión penetrante dentro de una fenomenología de la visión. [Arnau, p.163-164:] «Aunque incluso hoy se busca el estado de samadhi, la meta más elevada y normativa es la visión penetrante que en principio conduce a la liberación del sufrimiento y del ciclo del renacimiento y muerte. Esta visión penetrante no es simplemente un «mirar» o «ver» sino un análisis de la realidad o de la verdad, y no se pueden separar fácilmente las cuestiones intelectuales o doctrinales. (...) En primer lugar se dice que serenar la mente permitirá una visión penetrante y clara, y que los objetos utilizados como base de dicha serenidad también pueden usarse como objetos de investigación de la visión penetrante. En segundo lugar se considera que el objetivo de la visión penetrante es el discernimiento o la comprensión nítida (prajña) y que ésta nunca se alcanzaría sin el cultivo (bhavana) de la penetración, acompañado de la perfecta calma y concentración.»
Volvamos pues a lo que comentábamos. El budista (bodhisattva) deseaba la liberación de todos los seres. Eso me parece evidente que no es posible en el reino de la injusticia. Así pues, ¿tiene quizás más razón el sravaka, tildado de egoísta desde el mahayanismo? (El sravaka sólo se preocupaba de su propia liberación, como decíamos, dentro del vehículo inferior del hinayana). Podemos ver que viendo el mundo actual también nuestro pensamiento puede encontrarse en una disyuntiva semejante. Tomemos al artista que se autorrealiza, tomemos a la persona que se construye un mundo de satisfacción: ¿qué lugar tendrá -si tiene alguno- en esa construcción la injusticia de la sociedad (de la presente, de las pasadas), el subyugamiento, esclavismo -espíritual (ético) y/o material (económico)- de muchos de sus semejantes, quizás toda la humanidad en diferente grado, y también él mismo? He aquí la pregunta, yo no la voy a responder: mas con ánimo de dirigir la mirada hacia el horizonte terminaré este pensamiento citando a Juan Arnau in extenso (Arnau: p.188-189):
«Aquí se encuentra el punto de inflexión de la concepción budista del nirvana. Santideva lo expresa con vehemencia: «Nirvana significa renunciar a todas las cosas, mi mente sería agredida si obtuviera el nirvana. Si debo renunciar a todo, mejor sería dar el nirvana a los demás seres vivos» (Bodhicaryavatara, III, 11). El nirvana ya no es algo que se obtiene sino algo que se da.
>>Esta afirmación, no exenta de polémica, sugiere que el ideal del bodhisattva del mahayana valora más el despertar y el compromiso con la compasión que la liberación personal. En otra formulación muy anterior, Nagarjuna ya manifestaba que el nirvana y el samsara eran la misma cosa, y esta idea se encuentra en el trasfondo de muchos de los conceptos del mahayana. La equivalencia de nirvana y samsara encapsula toda una ontología y toda una soteriología. Como ontología implica que la liberación del sufrimiento que tiene lugar en el mundo (la libertad de apegarse al nirvana) se trasforma, bajo la mirada despierta del bodhisattva, en el desapego al nirvana. El escenario de semejante mirar es la liberación, de ahí que se considere un nirvana «más excelso»."
viernes, 27 de febrero de 2015
Estudios sobre contemplación, 1. Contemplación, meditación, oración (Budismo y cristianismo)
El tema de la contemplación es importante desde la perspectiva de la fenomenología de la visión. Como introducción al estudio de estas cuestiones expongo a continuación un comentario que he realizado hoy a una reseña de un texto científico que describía, analizaba el poder curativo de la oración en enfermos hospitalizados.
Comentario:
Lo que se habla aquí me parece claro, incluso obvio. Lo que no tengo tan clara es una apropiada definición de «oración». Al final del texto dice: «si oramos o enfocamos un objetivo». En mi opinión el enfocar puede ser lo esencial de orar, más que la relación con un dios o con Dios. Leí un libro llamado El silencio del Buddha, por Raimon Panikkar, un filósofo catalán de padre hindú. El subtítulo del libro es «Introducción al ateísmo religioso», y entiendo, y es de lo que se trata en la obra, que los budistas no creen en un dios. Sin embargo ellos focalizan su experiencia en un cierto tipo de oración, si es posible definirlo así. Me refiero a la meditación. Es relación con el cosmos, con la naturaleza. No siendo una visión trascendente, no obstante obviamente la vida espiritual es parte de la mecánica de la vida, la más importante -si no la única- que enfocar. Ellos -los budistas (y declaro que tengo tendencias budistas en esta temática)- enfocan la claridad y el vacío como la manera de vivir en calma y de acuerdo a -por así decirlo- las leyes de la existencia, exterminando el dolor interior por el exterminio del propio deseo (lo que se llama trshna, que significa sed). Pienso que esta cosmovisión y el lugar que ocupa el vacío en ella podría relacionarse con la perspectiva de Meister Eckhart, desde la que se define a Dios como una nada. Pienso que esto es lo que se llamaba teología negativa, lo que supuso una filosofía muy relevante a través de los siglos, aunque yo no conozco suficientemente a estos autores. En esos tiempos, el misticismo cristiano, por ejemplo el de San Buenaventura en el siglo XIII, o quizás en la óptica de Jakob Boehme, estaba necesitado del vacío para la experiencia de la contemplación. Porque la contemplación era el sentido de su experiencia de Dios, contemplando a Dios y abrazándose a él como los amantes en el Cantar de los cantares bíblico. (Sobre esto se puede ver mi -inacabado- estudio sobre San Buenaventura: San Buenaventura. Contemplación, gracia y éxtasis). La religión budista también se dedica a la contemplación, sin embargo doy por seguro que no se trata entonces de la contemplación de un Dios, sino del flujo del cosmos/naturaleza. Y contemplación y meditación son dos caras de la vida humana, pienso. Y la oración se sitúa en este contexto: veo esta palabra muy cercana a la palabra meditación (en la religión budista). Como dije, al final de la reseña referida pone: «si oramos o enfocamos un objetivo». Pienso que la meditación es enfocar, mirar de una determinada manera; a buen seguro es así en la religión budista, y también la oración cristiana es un enfoque, referido en el cristianismo a un diálogo con Dios, pienso. Pero pienso en tratar de definir el concepto de oración, si es enfocar o si es hablar. No obstante, me parece claro que la voz puede ver y la visión puede hablar.
Comentario:
Lo que se habla aquí me parece claro, incluso obvio. Lo que no tengo tan clara es una apropiada definición de «oración». Al final del texto dice: «si oramos o enfocamos un objetivo». En mi opinión el enfocar puede ser lo esencial de orar, más que la relación con un dios o con Dios. Leí un libro llamado El silencio del Buddha, por Raimon Panikkar, un filósofo catalán de padre hindú. El subtítulo del libro es «Introducción al ateísmo religioso», y entiendo, y es de lo que se trata en la obra, que los budistas no creen en un dios. Sin embargo ellos focalizan su experiencia en un cierto tipo de oración, si es posible definirlo así. Me refiero a la meditación. Es relación con el cosmos, con la naturaleza. No siendo una visión trascendente, no obstante obviamente la vida espiritual es parte de la mecánica de la vida, la más importante -si no la única- que enfocar. Ellos -los budistas (y declaro que tengo tendencias budistas en esta temática)- enfocan la claridad y el vacío como la manera de vivir en calma y de acuerdo a -por así decirlo- las leyes de la existencia, exterminando el dolor interior por el exterminio del propio deseo (lo que se llama trshna, que significa sed). Pienso que esta cosmovisión y el lugar que ocupa el vacío en ella podría relacionarse con la perspectiva de Meister Eckhart, desde la que se define a Dios como una nada. Pienso que esto es lo que se llamaba teología negativa, lo que supuso una filosofía muy relevante a través de los siglos, aunque yo no conozco suficientemente a estos autores. En esos tiempos, el misticismo cristiano, por ejemplo el de San Buenaventura en el siglo XIII, o quizás en la óptica de Jakob Boehme, estaba necesitado del vacío para la experiencia de la contemplación. Porque la contemplación era el sentido de su experiencia de Dios, contemplando a Dios y abrazándose a él como los amantes en el Cantar de los cantares bíblico. (Sobre esto se puede ver mi -inacabado- estudio sobre San Buenaventura: San Buenaventura. Contemplación, gracia y éxtasis). La religión budista también se dedica a la contemplación, sin embargo doy por seguro que no se trata entonces de la contemplación de un Dios, sino del flujo del cosmos/naturaleza. Y contemplación y meditación son dos caras de la vida humana, pienso. Y la oración se sitúa en este contexto: veo esta palabra muy cercana a la palabra meditación (en la religión budista). Como dije, al final de la reseña referida pone: «si oramos o enfocamos un objetivo». Pienso que la meditación es enfocar, mirar de una determinada manera; a buen seguro es así en la religión budista, y también la oración cristiana es un enfoque, referido en el cristianismo a un diálogo con Dios, pienso. Pero pienso en tratar de definir el concepto de oración, si es enfocar o si es hablar. No obstante, me parece claro que la voz puede ver y la visión puede hablar.
Thanasis Panou, 2. "Conjuntivitis"
Presentamos a continuación un texto del artista visual, sociólogo y pensador griego Thanasis Panou, quien ya quedó presentado en mi último escrito (Thanasis Panou, 1).
CONJUNTIVITIS
El lobo no puede infectarse el ojo o coger una conjuntivitis, olfateando gérmenes, y perdonó a hurtadillas.
Gritando, advirtiendo todos los obstáculos ante los ojos, y mediante los gritos llevó a cabo ceremonias de purificación.
El último médico previno a los lobos, a menudo separados del rebaño
y las realidades imaginarias penetrarían en la biorretroalimentación.
Sabemos que la conjuntivitis persiste en los sueños
cuando los ojos están cerrados.
El lobo tiene arriba los ojos y el pelo, sin embargo tiene unas uñas que se diferencian de las humanas,
que absorben fácilmente en la conjuntivitis
las tensiones insoportables de la vida cotidiana.
Los ojos humanos,
conjuntivitis suave,
balcones,
teatros y espectáculos,
traición a la visión interna ...
Y el comentario al texto que me hace Thanasis Panou dice: «Hay que ir a la conjuntivitis» ("εκει που πάει η επιπεφυκίτιδα").
Versión original en griego:
ΕΠΙΠΕΦΥΚΙΤΙΔΑ
Ο λύκος δεν μπορεί να προσβληθεί από τον ιό των ματιών ή κάποια επιπεφυκίτιδα , οσμίζεται τα μικρόβια και δεν προσβάλλεται ύπουλα.
Ουρλιάζει προειδοποιώντας όλα τα εμπόδια των ματιών και με στριγκλιές πραγματοποιεί τελετές εξαγνισμού.
Ύστατος της πρόληψης γιατρός ο λύκος, αποχωρίζεται συχνά το κοπάδι
και σε φανταστικές πραγματικότητες εισχωρεί για την βιοανατροφοδότησή του. .
Ποιος ξέρει άραγε, αν η επιπεφυκίτιδα επιμένει και στα όνειρα
που τα μάτια είναι σφαλισμένα.
Τα τσίνορα του λύκου πάντως έχουν καρφιά σε αντίθεση με του ανθρώπου ,
που μουλιάζουν εύκολα μέσα στην επιπεφυκίτιδα
στις αφόρητες εντάσεις της καθημερινότητας.
Ανθρώπινα μάτια,
επιπεφυκίτιδας λεία,
εξώστες,
θέατρα και θεάματα ,
προδοσία της εσώτερης όρασης…
CONJUNTIVITIS
El lobo no puede infectarse el ojo o coger una conjuntivitis, olfateando gérmenes, y perdonó a hurtadillas.
Gritando, advirtiendo todos los obstáculos ante los ojos, y mediante los gritos llevó a cabo ceremonias de purificación.
El último médico previno a los lobos, a menudo separados del rebaño
y las realidades imaginarias penetrarían en la biorretroalimentación.
Sabemos que la conjuntivitis persiste en los sueños
cuando los ojos están cerrados.
El lobo tiene arriba los ojos y el pelo, sin embargo tiene unas uñas que se diferencian de las humanas,
que absorben fácilmente en la conjuntivitis
las tensiones insoportables de la vida cotidiana.
Los ojos humanos,
conjuntivitis suave,
balcones,
teatros y espectáculos,
traición a la visión interna ...
Y el comentario al texto que me hace Thanasis Panou dice: «Hay que ir a la conjuntivitis» ("εκει που πάει η επιπεφυκίτιδα").
Versión original en griego:
ΕΠΙΠΕΦΥΚΙΤΙΔΑ
Ο λύκος δεν μπορεί να προσβληθεί από τον ιό των ματιών ή κάποια επιπεφυκίτιδα , οσμίζεται τα μικρόβια και δεν προσβάλλεται ύπουλα.
Ουρλιάζει προειδοποιώντας όλα τα εμπόδια των ματιών και με στριγκλιές πραγματοποιεί τελετές εξαγνισμού.
Ύστατος της πρόληψης γιατρός ο λύκος, αποχωρίζεται συχνά το κοπάδι
και σε φανταστικές πραγματικότητες εισχωρεί για την βιοανατροφοδότησή του. .
Ποιος ξέρει άραγε, αν η επιπεφυκίτιδα επιμένει και στα όνειρα
που τα μάτια είναι σφαλισμένα.
Τα τσίνορα του λύκου πάντως έχουν καρφιά σε αντίθεση με του ανθρώπου ,
που μουλιάζουν εύκολα μέσα στην επιπεφυκίτιδα
στις αφόρητες εντάσεις της καθημερινότητας.
Ανθρώπινα μάτια,
επιπεφυκίτιδας λεία,
εξώστες,
θέατρα και θεάματα ,
προδοσία της εσώτερης όρασης…
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percepción visual,
visión
jueves, 26 de febrero de 2015
Thanasis Panou, 1
"Previamente, el Arte de Renoir, Michelangelo, Leonardo da Vinci, Monet etc. era claro, lleno de talento y comprensible. La mayor parte del arte de hoy ha devenido predominantemente abstracto, simple y no-realista, en fuerte dependencia de su interpretación. ¡Cómo la vida de hoy en sí misma...!? Desde mi perspectiva e interpretación. esto simboliza la abstracción de los Artistas y la Gente de hoy, mayormente orientados egocéntricamente, hacia el sentido, la comprensión y la búsqueda de la atención. Individuos, hacia la Unidad, donde el sentido, la comprensión la simpatía y empatía, la sabiduría, la conciencia personal y colectiva, y el amor están en el Hogar y libremente. ¿Qué tipo de obra de arte es la que vale o vale la pena!? No te preocupes, soy todavía un Abogado del desarrollo individual y de la expresión... ¡Bendiciones, Amor & Abundancia!"
- Thanasis Panou
Thanasis Panou es un destacado pensador polifacético que dedica una especial intensidad y dedicación a sus impresionantes obras dentro del campo de las artes visuales. He tenido la fortuna y el honor de que prestase atención e interés al mundo microscópico que yo exploro con mis micrografías (ver mi blog microimagen).
Como resultado de ese primer acercamiento surge ya una primera obra abrumadora, apoteósica. Se trata del video Micrografías. Estímulos del arte del microcosm.
Al poco tiempo me propone llevar a cabo este segundo proyecto. Focus es también un video realizado por transformación creativa de mis micrografías. El texto que le sirve como hilo conductor lo escribí yo mismo a principios de este mes de febrero. Lo publiqué aquí, en Ocularia (Prospecciones ópticas, 2. Focalización).
Th. Panou se siente estimulado por el arte microcósmico y lo integra en sus concepciones creativas para dar lugar a una fulguración, a un fluir ininterrumpido de metamorfosis en lo microscópico, de absoluto detalle y de contundente belleza. Una belleza contundente, pues se impone, fascina. El video de Panou desafía las leyes de la atracción, las eleva a su máxima potencia, la potencia de la atracción hipnótica. Pues es un mundo hipnótico: hipnotizante e hipnotizado. Hipnosis de la danza, hipnosis del flujo metamórfico.
La materia es elevada a la enésima potencia, toda ley de la gravedad ha sido transgredida. Los límites han quedado desfigurados, las aristas de lo perceptible disueltas. Los límites de esta creación, la creación en el universo-Panou, no son ya, o no se vislumbran en el horizonte: han quedado violentamente, furiosamente negados, el caballo se ha desbocado.
El desnudo microcosmos, universo de lo microscópico se viste en esta obra con las telas de la transgresión, la Santa Manía (Furia) que ya desde las descripciones platónicas dan alas al amor loco, la pasión íntima del creador, el poeta.
Thanasis Panou es un poeta de la visión.
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martes, 3 de febrero de 2015
Prospecciones ópticas, 2. Focalización
Focalizar lo extraño, adentrarse en lo desconocido, los exóticos atrayentes bosques que te llaman. Tú mismo eres el bosque. Unos pasos en el bosque, los senderos en la tierra poblada por las minúsculas criaturas: criaturas que son tú mismo en el distante espejo, los cristales de lo infinitesimal: las transformaciones puras en danza, los circuitos cerebrales en trans-redes a través del microscopio, generando el cosmos, el caos. Tú mismo eres el caos. Tus redes lanzadas oscilan en órbita, inmersión en el caos: la distancia máxima, también la mínima. En los cristales del tiempo: tú eres el cristal que se disuelve.
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